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Gwen dejó este mensaje:
Oh, Darling ~ Gwen & Baptiste
. se unió al chat
Gwen dejó este mensaje:
Creo que ya está todo listo... —suspiró, mientras dejaba que su
vista recorriera cada rincón de aquel salón que había alquilado para la cita,
el cual se encontraba iluminado por una luz muy tenue, ayudando en la tarea que
las cortinas permanecieran cerradas. Su idea era revivir aquella noche; no
pretendía reemplazar tan hermoso recuerdo, solo ocasionar uno más placentero.
No tenía idea quién era su compañero esa tarde; solo a ella se le ocurría
atender la llamada de sus padres, cuando estaban por revelar a quién pertenecía
cada recuerdo.
Cerró sus párpados un instante, dejando que el aroma a la comida
puesta sobre la mesa se infiltrara por los orificios de su nariz. Agradecía ser
buena en la cocina, solo esperaba que a su pareja le gustara. Echó una mirada al
reloj antiguo sobre la pared: su cita se había retrasado. Sacudió su cabeza,
tomando asiento en una de las sillas, comenzando a jugar con el borde de su
vestido. Solo esperaba que fuera.
Baptiste:
—Sinceramente a Bap le sorprendía que alguien hubiera elegido su recuerdo,
porque no parecía realmente especial, aunque si lo era para él, demasiado. Y
cuando se había enterado que su querida Gwen era la chica que lo había elegido,
no puedo evitar ponerse feliz, más de lo que habría estado con cualquier otra chica.
Ahora el problema era que se había retrasado, mucho, pero era por una buena
causa. Así que luego de encontrar la razón de su demora, se apresuró a llegar a
donde era la cita. Cuando llegó vio una luz tenue que invadía la habitación y
eso le agradó. Gwen estaba con sentada en una de las sillas y él se acercó por
detrás sin hacer ruido. —¿Perdonarías a Bap por haberse retrasado un poco? Es
que me fue a buscar a mi— dijo, desde atrás, pero poniendo por delante de ella
el osito de peluche que le había comprado.
Gwen dejó este mensaje:
Volvió a dejar escapar un suspiro, perdiendo la cuenta de cuántos
habían sido esa tarde. Cepilló sus hebras, preguntándose seriamente si debía
irse. Los minutos pasaban, y su cita no aparecía. Y justo cuando pensaba irse,
cierra sus párpados con fuerza ante el rápido movimiento que la había tomado
por sorpresa. Escucha sus palabras, por lo que decide abrir uno de sus párpados
con cierta precaución, sorprendiéndose ante lo que se encuentra. Parpadea,
creyendo estar viendo mal—. ¿Baptiste? Imposible... —susurra, mirando
sorprendida el oso de peluche y la mano que lo sostenía—. No existe nada que no
pueda perdonarle a ese chico —responde dibujando una sonrisa, para tomar el
peluche entre sus manos, ponerse de pie y rodear al chico con sus brazos,
estrechándolo con fuerza; sobre todo por cierto recuerdo que nuevamente había
atacado su mente—. Lo siento, yo... no sabía que te pertenecía.
Baptiste: —El
mismo en persona— contestó cuando escuchó el susurro de la rubia y a
continuación la estrechó en sus brazos cuando ella lo abrazó. —No te disculpes,
no podría estar más feliz de que tú seas mi cita, señorita— le dijo aún sin
soltarla. Pasaron unos segundos y entonces se separó unos centímetros. —Siento
la demora, es que este amiguito me rogaba que fuera a comprarlo— dijo,
refiriéndose al oso de peluche y se quedó mirándola un momento, manteniendo una
sonrisa en su rostro. Era como si con ella el mundo se apartara y quedaran
solos en una burbuja. Le agradaba eso.
Gwen dejó este mensaje:
—A mí también me alegra que hayas sido tú y... me hubiera odiado
toda mi vida si me iba sin verte —se separa, mirando al peluche y sonriendo
dulcemente—. Gracias, prometo que lo cuidaré muy bien —eleva su mirada celeste,
dejando que una vez más sus pupilas se encuentren; y como cada vez, ella se
sentía perdida, creyendo que podía navegar todo el día en ese mar azul. Aclara
su garganta, desviando su mirada hacia la mesa—. Eh... yo... ¿tienes hambre?
Baptiste: —Yo
me hubiese odiado más por eso, créeme— confesó, asintiendo. —Uhm... si, tengo
hambre — le dijo sonriendo y se acercó a la mesa para ofrecerle una de las
sillas a ella. Esperó a que se sentara y luego tomó lugar en la silla del
frente. —¿Quién hizo todo esto? ¿Tú, Gwen?... Vaya, siempre me sorprendes
—comentó feliz, mirando a la rubia—.
Gwen: —Gracias
—dice con una sonrisa, acomodándose y dejando al peluche sobre la mesa,
mirándolo con cariño antes de dirigir su mirada al chico, que ya se encontraba
frente a ella—. Sí... digamos que tenía ganas de adelantarme a las fiestas
—levanta suavemente un hombro, sin perder su sonrisa—. Aunque en casa siempre
hubo gente que cocine, siempre con mamá hacíamos algo. Así que, si está rico es
todo gracias a ella... espero que te guste.
Baptiste:
—Seguro que eres muy buena cocinando, por eso los brownies resultaron tan bien
la otra vez— dijo sonriendo y a continuación tomó el tenedor para probar un
bocado del plato que se veía apetitoso. —Vaya... está muy bueno, Gwen— la felicitó
y se llevó otro bocado a la boca, la comida estaba realmente buena. —Pero
antes, quiero hacer un brindis porque me alegro de haberte encontrado— dijo,
alzando su copa.
Gwen dejó este mensaje:
—Creí que eso había sido por tener al mejor chef de todo Londres
conmigo —bromea y prueba ella también un poco, sonriente—. ¿Sí? Que alivio
Temía haberme pasado demasiado con el picante—lo observa degustar, contenta—.
¿De haberme encontrado? De acuerdo, yo brindo por dejarme conocerte --alza su
copa, chocando con la de él—. Enserio, eres una gran persona.
Baptiste:
—Entonces brindemos porque yo te encontré y tú tuviste paciencia para
conocerme— dijo sonriendo y chocó su copa con la de ella. —Gracias, Gwen, tú
también eres una gran persona, enserio, tienes una gran corazón y eso te hace
ser más hermosa aún— la alagó y un momento después siguió comiendo. —Ahora dime
la verdad, ¿llevabas demasiado tiempo esperándome? Me refiero a la cita—
preguntó.
Gwen dejó este mensaje:
—Salud —ríe, tomando un poco al recuperar su copa—. No creo ser la
mitad de lo maravillosa que me pintas, pero te agradezco y me alegro que
pienses eso de mí —. sigue alternando su mirada entre la comida y el chico,
para negar cuando escucha sus palabras—. Bap, no importa, enserio. Ya estás
aquí —intenta evadir su pregunta, sabiendo cómo era el chico.
Baptiste:
—Entonces me siento perdonado— dijo, medio bromeando. Mientras comía la
deliciosa comida de Gwen, pudo divisar en una parte de la habitación un
tocadiscos y no pudo evitar sonreír. —¿Podemos poner música?— preguntó,
refiriéndose al aparato musical.
Gwen dejó este mensaje:
—Eh... la verdad es que... —se muerde el labio inferior, mirando
al chico y al tocadiscos, para posteriormente suspirar y colocarse de pie,
tomando el disco de vinilo que le había costado conseguir de una mesa cercana a
ella. Detiene sus pasos frente al aparato antiguo, sacando con cuidado el disco
y colocándolo en la pista, acomodando la aguja y logrando que la música inunde
el salón; la misma que había caracterizado al recuerdo al elegirlo. Suspira,
dándose la vuelta y yendo hasta el chico, haciendo una reverencia antes de
extender su mano en dirección al ojiazul--. ¿Me concedería esta pieza, señor
St. Clair?
Baptiste:
Observó a la chica poner aquel disco de vinilo y un montón de sentimientos
llegaron hasta él, nostalgia, felicidad, algo de tristeza, pero más que nada
felicidad. Estaba seguro de que si su madre lo viera bailando con ella esa
canción estaría tan feliz como él. —Por supuesto que si, señorita Gwen—
respondió y se puso de pie mientras Oh darling comenzaba a sonar. Tomó a Gwen
de la cintura y comenzó a moverse junto a ella. —¿Sabes? Tú eres la única
persona, además de mi mamá con quién bailaría esta canción— dijo sonriendo.
Gwen dejó este mensaje:
Entrelaza sus dedos con los de él, antes de que comenzaran a
deslizarse suavemente con el ritmo que la canción marcaba para ellos—. ¿Por
qué? —susurra en voz baja, no queriendo opacar la canción—. Deberías estar
tachándome de entrometida por elegir tu recuerdo cuando es algo tuyo muy
personal —busca su mirada.
Baptiste: —Por
eso me alegra mucho que hayas sido tú quien eligiera mi recuerdo, porque es
algo muy personal y contigo me siento seguro— contestó sonriendo mientras
seguía moviéndose al ritmo de la canción. —Pero de alguna manera ahora es igual
de feliz, porque no hay lágrimas de por medio— comentó y se acercó a darle un
beso en la frente. —¿Alguna vez te conté toda la historia de mis padres?
Gwen dejó este mensaje:
Forma una pequeña sonrisa ante sus palabras; ella se sentía de
igual forma. Y aunque le asustaba aquel sentimiento, luchaba por esconderlo más
no negarlo, nunca lo negaría. Se acercó más, dejando que su cabeza reposara en
el hombro del chico, ampliando su gesto al sentir sus labios en su frente—.
No... pero no es necesario, enserio.
Baptiste: —No
iba a contar la parte triste— dijo divertido mientras comenzaba a acariciar el
cabello de la chica. —¿Sabes algo? A pesar de que ellos se separaron y todo
eso, aun creo que existe todo esto de las almas gemelas. Lo sé, soy un cursi y
puedes reírte— comentó y después dejó salir una risa. —Gracias, Gwen...—
Gwen dejó este mensaje:
—No eres cursi, Bap, yo también creo en eso de la otra mitad, por
favor... llevo esperando a mi príncipe azul desde muy niña. Una vez creí
haberlo encontrado pero... simplemente no era lo que creía que era —se encoge
de hombros, sin dejar de moverse al ritmo de Los Beatles—. Creo en que existe
una persona que pueda hacerte sonreír con naturalidad, creo en eso llamado amor
y sentir que puedes darlo todo por el otro sin esperar nada a cambio, sin dudar
de él. Y... creo en el amor para toda la vida, solo debes cuidarlo y
alimentarlo, como si fuera un capullo que se quiere convertir en la más hermosa
de todas las flores —dice sin pensarlo demasiado, para escucharse y cerrar sus
ojos párpados—. ¿Ves? Aprende, Bap, eso es ser cursi —intenta bromear,
sintiendo como los latidos de su corazón aumentaban—. ¿Gracias? Bien... —se
incorpora a penas, mirando sus pupilas—. Deja de hacer eso, o no me sentiré
culpable de lo que haré.
Baptiste:
Estaba escuchando a la chica con atención y le era inevitable sonreír con cada
palabra que le decía. Le encontraba mucha razón en todo aquello y se sentía muy
cómodo con ella ahí. —No te sientas culpable, sólo hazlo, mi querida Gwen— dijo
mirándola con una sonrisa.
Gwen dejó este mensaje:
—Maldición, ¿porqué eres tan lindo? —susurra para ella misma,
mientras traslada su mano de su hombro a su cuello, atraiéndolo hasta ella
mientras se coloca en puntitas de pie, apoyándose en el chico para no caer. Un
escalofrío la recorre por completo al sentir el tacto de la punta de sus
narices tocándose, pero no se detiene hasta estar rozando sus labios con los
del chico, solo apenas—. Antes que nada... tú tienes la culpa de esto —murmura,
antes de tomar el labio inferior de Baptiste entre los suyos, volviendo a
degustar su suave sabor. Cierra sus párpados suavemente, mientras comenzaba a
besarlo con delicadeza.
Baptiste: —Yo acepto toda
la culpa— murmura sonriendo. Un escalofrío recorre su espalda cuando siente los
labios de la chica sobre los suyos. Tomó su rostro con cuidado mientras seguía
el beso de la chica sutilmente y sonriendo a veces.
Gwen dejó este mensaje:
Suelta un suspiro entre el beso, sonriendo al ver que lo
correspondía y abriendo apenas sus labios, profundizando el contacto entre
ellos. La mano que estaba en su cuello empieza a subir, comenzando a jugar con
sus hebras castañas, sin separarse. Le encantaba aquello, en sus brazos se
sentía segura, protegida y... feliz. Un sentimiento de angustia azotó su
corazón, por lo que sin saberlo, sin darse cuenta, así como subió la intensidad
del beso empezó a disminuirlo, queriendo perderse en sus labios pero sin que
aquel sentir no abandonara su cuerpo.
Baptiste: Su
estómago se llenaba de mariposas cada vez que ella estaba cerca, pero tener sus
labios atrapados en los suyos hacía que esas mariposas fueran una manada
descontrolada y le agradaba eso. Sintió otro escalofrío cuando ella comenzó a
separarse de él. —¿Qué pasa, Gwen?— preguntó mirándola preocupado.
Gwen dejó este mensaje:
—No lo sé... —llevó su pulgar a los labios de él, recorriendo su
textura—. Solo... me acordé de algo que pasó hace tiempo. Ni siquiera sé porque
vino a mi mente ahora—alza su mirada, odiándose por preocuparlo por una
tontería—. Me... ¿me vuelves a besar? No quiero pensar en nada más que besarte
en este momento.
Baptiste: —Si
quieres hablarlo yo escucho, no quiero verte angustiada, Gwen— dijo él
acariciando su mejilla con sutileza. Dejó salir una risita al escuchar la
petición de la chica y se acercó a juntar sus labios nuevamente.
Gwen dejó este mensaje:
—Algún día te contaré todo, solo... dame tiempo —disfruta su
caricia, sintiendo como aquella angustia se evaporaba con su gesto—. Además
esta es tu noche —sonríe, volviendo a soltar un suspiro ante el nuevo contacto
entre ellos. Dioses, este chico le importaba. Múltiples recuerdo pasaron por su
mente, todos más felices que el anterior. Londres, París, cuando conoció a a su
familia en Colmar y finalizando todo en aquel beso en casa de su amiga, cuando
hubo sido testigo de aquella canción dirigida únicamente a ella. La angustia,
el miedo que se había apoderado de su ser había desaparecido, en su mente y en
su corazón, solo permanecía intacto el sabor del chico, su relación con él y
todo aquello que comenzaba a sentir.
Baptiste: —Está
bien, pero quiero que sepas que yo siempre estaré para escucharte cuando lo
necesites ¿Si?— dijo y rodeó su cintura para acercarla a él y besarla con
sutileza, como si ella fuera la persona más delicada del mundo. No podía no
tratarla con cuidado, siempre había pensado que las chicas eran como una pluma.
—Sí, gracias Bap —suelta su mano, llevando ambos brazos a la nuca del chico, rodeándolo y siguiendo perdida el beso. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Quince segundos? No lo sabía, lo único que tenía en claro era que no quería separarse— Me encantas... —dice entre el beso, volviendo a juntar sus labios e iniciando una nueva ronda.
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